Y se hizo la luz … ¿o no?.

Ellos saben todo sobre ti. Dónde vives, qué edad tienes, quienes son tus padres, dónde naciste, qué coche tienes, tus movimientos bancarios, … y cada vez van a saber más de ti, en la era de la informática, los chips de las tarjetas, los móviles, las cámaras de los cajeros, las cámaras de tráfico, por no decir las de vigilancia de las empresas privadas. Pero a pesar de todo esto, en teoría, eres “libre”. No estás en prisión o retenido en contra de tu voluntad. Aunque yo no intentaría evadirme de no pagar impuestos o saltarme alguna de las normas de convivencia por las que se rige este Estado. Bueno, eso ahora, porque una vez en el pasado cometí un acto, que fue archivado sin más por no tener antecedentes.

 

Ahora me hallo en un autobús de línea de la ciudad de Valencia, camino de uno de esos edificios estilo rascacielos, todo lleno de cristales como de espejo, que no permiten ver el interior. Se trata de una entrevista de trabajo para un puesto de directivo de un grupo de trabajo en una nueva empresa implantada hace poco en la ciudad. Se supone que debería empezar desde abajo, siendo un auxiliar administrativo o chico de los recados, sin embargo voy a recibir la formación adecuada para tener a mi cargo a un grupo de personas.

 

En una carpeta llevo mi currículum vitae. Tan solo son dos folios grapados, y porque no me cabía en uno. Hay gente que se empeña en llevar cuantos más folios mejor. Será por parecer más competitivos. Es lo que yo llamo: el “y yo más” que decíamos cuando éramos pequeños. No es que me refiera solo al nivel de estudios o preparación, que es lo que se suele reflejar en un currículum, sino también al tener más amigos, más dinero, haberse acostado con más chicas, haber tenido más novias o tener el coche más caro. Es algo sobre lo que había hablado ya con una amiga que pareció sorprenderse al oírmelo decir, como si le hubiera leído el pensamiento.

 

Casi me paso de parada con tanta reflexión. El día tampoco acompaña. El cielo esta cubierto de nubarrones y parece que sea casi de noche. De todas formas eso no significa que la entrevista me vaya a ir mal. Así que carpeta en mano me dirigo al amasijo de cristales que hay a tan solo unos metros de la parada de autobús.

 

En recepción pregunto por el señor Meketref de recursos humanos de la empresa RBDSA. La chica de recepción no conoce a nadie que trabaje allí con ese apellido. A mi no me extraña nada, la verdad, porque el apellido parece haber sido inventado por alguien … En efecto, es un apellido casi inventado por mi, porque el chico que esta con ella en la recepción, al oir recursos humanos y RBDSA, lo relaciona con don Jaime Ketref, en el penúltimo piso, al fondo del pasillo.

 

Así que me dirijo hacia los ascensores, y un tumulto de gente viene hacia mi desde uno de ellos, que acababa de bajar. Debe de ser la hora de almorzar. Entonces, justo cuando voy a apretar el botón del ascensor de la penúltima planta, oigo unos gritos y una figura corriendo a lo lejos dirigiéndose hacia mi. Pongo el pie de manera que no se cierre el ascensor, mientras veo la figura de una chica que me resulta familiar. Claro, es Desiré. No imposible, hace tiempo que pasa de mi. Además no nos podíamos ver ni en pintura, y recuerdo que le repugnaba el café. Pero eso no viene al caso. Ahora que está más cerca me doy cuenta que es Marisa. Es como si corriera a cámara lenta. En ese momento me daba igual que el día estuviera nublado, la entrevista de trabajo, lo poco que le gustaba el café a Desiré y lo que fuera, porque Marisa está aquí y ahora conmigo en este ascensor rumbo al penúltimo piso del edificio. Ella iba a entregar unos papeles de su trabajo a una amiga suya que trabaja allí. Es la chica que más me ha gustado de un tiempo para acá, y además ella lo sabe. Pero por unas cosas o por otras no ha surgido nada entre nosotros. De repente el ascensor se para entre las plantas nueve y diez. Se ha ido la luz. A penas podemos distinguir nuestras siluetas de no ser por una pequeña lucecita de emergencia que hay en el ascensor. A Marisa no le gusta nada esta situación, no concibe estar encerrada y casi a oscuras, así que pone su cabeza sobre mi pecho y se abraza a mi con fuerza. Ahora que la tengo tan cerca me doy cuenta de lo bien que huele. Su corazón se acelera, el mío también, y eso que todavía no estaba en la entrevista de trabajo. Me quedaría así toda la vida, pegado a ella. Mientras el señor Meketref podía seguir esperando.

 

El resto de cosas que sucedieron en el ascensor no puedo seguir contándolas. Lo único que puedo decir; es que, digamos, empezó a hacer algo de calor dentro del ascensor y la luz tardó más de media hora en volver.

One Response to “Y se hizo la luz … ¿o no?.”

  1. grande francesco!!!


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