Surf, reggae y Malibú con piña.
La ventana estaba abierta. Las cortinas se movían con la suave brisa que entraba por la ventana, mientras la luz del sol entraba con fuerza por las rendijas de mi persiana. Allí me encontraba tumbado bocabajo en una gigantesca cama de matrimonio, con la sábana casi en el suelo, al pie de la cama. Hacia un día maravilloso, así que de un salto me levanté de la cama, me di una ducha rápida y me senté a desayunar aquellos deliciosos y crujientes cereales, que tanto les gustaban a los niños. Desde el banco central de aquella inmensa cocina, podía contemplar el paisaje que se dibujaba ante mí. La paradisíaca playa de arena blanca, las olas, el sol, los chiringuitos, las chicas en bikini y unos cuantos surfistas, que se hallaban surcando ya, las olas que el viento empujaba hacia la orilla. Salí corriendo de la casa sin una de esas camisas hawaianas que solía llevar puesta casi siempre, cogí mi tabla de surf que estaba clavada en la arena, y al ritmo de los Beach Boys me metí en el agua a coger unas cuantas olas con mi tabla de surf. Conocía desde hacía tiempo al camarero de aquel chiringuito, y era un fan acérrimo de los Beach Boys y de la música reggae en general.
Ya en el agua, al principio todo iba bien, me deslizaba por las olas y me metía por ellas como si fueran tubos de agua salada, pero hubo un momento en el que un novato se cruzó en mi camino, y me hizo perder el equilibrio justo cuando estaba bastante cerca de la orilla. Por lo que al caer de mi tabla, fui rodando empujado por las olas, hasta la orilla. Había sido un buen golpe, y estuve un rato tendido en la arena con los ojos cerrados, para evitar la luz del sol. Entonces pensé; que cómo me podía haber pasado eso, si yo lo único que quería era hacer surf tranquilamente, escuchar algo de música reggae, beber Malibú con piña y poco más, tampoco era mucho pedir. Pero de repente, una sombra se posó sobre mi cabeza, y entonces recordé que ayer la predicción meteorológica, no había dicho nada sobre un eclipse de sol o algo así. Abrí los ojos y vi la hermosa mirada de una chica apuntando hacia mí. Parece que me estaba diciendo algo, porque sus carnosos labios se estaban moviendo. Quizás por el golpe, o quizás porque quedé embelesado por su belleza, no me había dado cuenta de que se estaba interesando por mi estado. Cuando por fin pude articular palabra, averigüé que había sido una novata y no un novato la que se me había cruzado mientras hacía surf, antes de caerme. Se disculpó de muy buenas maneras, y me dijo que me invitaba a tomar algo en uno de los chiringuitos de la playa. Yo acepté, pero le dije que ahora no podía ser, porque tenía que irme a trabajar, y si no llegaría tarde. Ella lo entendió. Sin embargo, le dije que podríamos quedar para esa misma noche. A ella le pareció bien, decía sentirse en deuda conmigo. Y una vez concertada la cita, cogió su tabla de surf, y se fue otra vez andando al agua. Me quedé un rato con mi tabla de surf en el brazo, mirando como se metía en el agua. Tenía un cuerpo atlético, y cada una de las curvas que dejaba ver su bikini no las habría hecho mejor un delineante o un arquitecto. Y al ritmo de Shaggy, me di media vuelta y me fui caminando por la blanca arena a mi casa, camino de mi trabajo.
Una vez llegada la noche, salí al encuentro de aquella novata surfista que se había cruzado en mi camino. Había montada una buena fiesta en el chiringuito más cercano a mi casa. La gente bailaba al ritmo de la música. Todo bien, pero entre tanta multitud me era casi imposible encontrar a la chica. Piensas que quizás todo habría sido imaginaciones mías a causa del golpe. Así que me senté en la arena con una piña colada en la mano a contemplar las estrellas con el sonido de fondo de las olas al romper en la orilla. Entonces apareció ella, y con una pajita se bebió lo que quedaba de piña colada. Sonrió y me dijo; que a esa no me había invitado ella. Volvimos al chiringuito, donde me invitó a una nueva piña colada, y me estuvo contando que era hija de un multimillonario, que estaba soltera y sin compromiso, y que había ido allí a aprender surf. Además le encantaban las playas de coral.
Llamé al camarero para preguntarle la graduación de alcohol que tenía la piña colada, porque no podía ser lo que acababan de escuchar mis oídos. No podía ser que aquella chica se hubiera cruzado en mi camino, aunque fuera en el agua. Al menos sabía que mucha idea de surf no tenía, y yo podría darle clases. Por lo que, después de sopesar los pros (todos) y los contras (ninguno), decidí darle clases de surf.
Estuvimos hablando un rato más hasta que se excusó para ir al servicio. Desde ese mismo instante no volví a saber nada más de ella en toda la noche. Estaba un poco molesto y a la vez preocupado por la forma en la que había desaparecido, pero justo en ese instante, una chica que bebía su refresco justo al lado de la barra donde estábamos nosotros se interesó también por mis clases de surf, ya que no había podido evitar escuchar. Era una chica bastante atractiva también, pero menos que la novata surfista multimillonaria que había conocido esa mañana, así que le dije que ahora no tenía tiempo para pararme a hablar con ella, y me fui directo hacia los servicios a ver si conseguía encontrar a mi futura alumna.
Todo fue en vano, ninguna de las chicas que estaban allí haciendo cola era la que yo buscaba. Era algo inexplicable. Aquella playa siempre había sido un sitio tranquilo, sin incidentes de ningún tipo. Entonces me encontré al camarero del chiringuito que salía de los servicios de caballero y le pregunté si sabía algo de la chica que me había invitado antes a una piña colada. Afirmativo, la había visto justo cuando iba a reponer botellines de cerveza en la parte trasera del chiringuito. No me dijo más, así que me fui directamente para allá.
Cuando fui a torcer la esquina que daba a la parte de atrás del chiringuito me encontré con lo que menos quería encontrarme, con algo que no podía imaginar después de cómo la había conocido. Había sido algo idílico. Pero ahora se encontraba apoyada en una palmera besándose con un individuo, y yo mirando.
Tendría que haber mantenido los pies en la tierra. La chica era multimillonaria, era soltera, tenía un cuerpo de escándalo, y tendría siempre lo que ella quisiera y cuando ella lo quisiera, ya fuera un chico, unas clases de perfeccionamiento de surf, o cualquier otra cosa. Sin embargo, ahora me acordaba de aquella otra chica que estaba en la barra del chiringuito, que era algo menos atractiva que ésta, y a la que ni siquiera hice el más mínimo caso. Pero bueno …yo lo único que quería era hacer surf tranquilamente, escuchar algo de música reggae, beber Malibú con piña y poco más.
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Un aplauso. Muy bueno lo de “… con un individuo”.
ivanrojo - J f, 2008 at 9:40 am