La alineación de los astros.
Hace un día de poniente ahí afuera. Él estaba algo inquieto, quizás nervioso, porque sabía que todo tenía que quedar perfecto. El viento silbaba por debajo de la puerta de su casa e intentaba colarse por los resquicios de sus ventanas. De alguna manera, era lo que él pretendía con ella, llegar a lo más profundo de su corazón. De repente, sonaron las campanas que anunciaban las ocho de la tarde. Ella llegaría en dos horas, y no podía fallar nada. Deprisa, se vistió, aún con el pelo mojado, recién salido de la ducha. Un poco de espuma en el pelo, unos toques de buena colonia y listo. Aún faltaban unos pequeños detalles (no por ello menos importantes) por hacer, antes de que ella llegara. Por eso, se dirigió hacia la cocina, abrió la nevera y comprobó que tenía los ingredientes necesarios para hacer una cena ideal. Al mismo tiempo, en el salón-comedor, lucía una mesa espectacularmente “aderezada”, con los cubiertos perfectamente colocados, y tan limpios, que podía ver su rostro reflejado en ellos. En el centro de la mesa habían dos velas de diseño, a juego con el mantel, cuyas mechas esperaban a ser encendidas por primera vez.
Eran ya, cerca de las nueve y media. La cena estaba casi lista, cuando algo le sobresaltó. El sonido en cuestión, parecía provenir de su espacioso salón. Era su móvil. En su interior, se preguntaba quien podría ser, ya que casi todos sus amigos sabían que esa noche tenía una cita muy importante para él. Ese mensaje no le daba muy buenas vibraciones; ¿qué sucedería?. Abrió el móvil, (era un móvil con el teclado separado de la pantalla), y leyó el mensaje: “Ola, lo siento muxo pero no voy a poder ir a cenar xq m a surgido un problema d ultima ora. Kizas otro dia. M apetecia muxo. Besos.” Era justo lo que temía. En esos momentos, se sintió destrozado, desilusionado, frustrado, por haber puesto todo lo que llevaba dentro, para que no fallara ningún detalle, para que todo fuera perfecto esa noche. Se asomó a la ventana, miró hacia arriba para comprobar si los astros estaban alineados… Le pareció ver que sí. En fin, esto no podía quedar así, necesitaba el consuelo de alguien, poder decir a alguien lo que le había pasado. Entonces se sentó en el sofá, con el móvil en sus manos, y empezó a escribir un mensaje a su excompañera de piso. Sí, era lo más apropiado en esos momentos, comentárselo a una mujer, que además de haber compartido piso unos meses con él, era amiga de la chica de sus sueños, esa que le había dejado plantado a pocos minutos de la hora prevista. Cuando terminó de escribir el mensaje, lo envió, y esperó impacientemente su respuesta. Ésta no tardó en llegar. El mensaje era corto, ya que decía que no se preocupara, que ahora mismo iba para allá, pero que no sabía cuanto tardaría en llegar. Al leer esto, cogió su gabardina, se puso su sombrero, y salió a la calle a dar una vuelta por aquella maravillosa ciudad, en la que había refrescado un poco. Y es que, claro, su excompañera de piso, había estado viviendo allí, hasta hace poco, y todavía conservaba una copia de las llaves del piso. Por lo que no le preocupaba, salir en esos momentos, además, necesitaba despejarse, dando un paseo por las poco iluminadas y estrechas calles, que le permitían ver, sin embargo, los grandes monumentos, allá en el horizonte, de una noche de luna llena.
Cuando su amiga y excompañera de piso llegó, se quedó maravillada, atónita, sorprendida, de lo que allí pudo ver. Él se había dejado la mesa preparada perfectamente, como si ese mensaje, nunca hubiera llegado a su móvil. La comida estaba servida en la mesa. No se había percatado aún que su amigo y excompañero de piso no estaba allí, ya que había quedado embriagada por todo aquello; el olor de la comida, la presentación en los platos, las velas, … todo estaba perfecto. En ese momento, cogió su móvil, no para llamarle a él, porque no estaba, sino que se le ocurrió la idea, de que de alguna manera, su amiga tenía que ver lo que su excompañero de piso y amigo, había preparado sólo para ella.
La verdad es que ella no había tenido ningún problema de última hora, que le hubiese impedido acudir a la cita. Era simplemente, que no sentía la seguridad necesaria para hacerlo. Pero al recibir la llamada de su querida amiga, se presentó allí, antes de que el inquilino del piso, volviera a personarse. Al llegar, quedó maravillada, como ya lo había hecho antes su querida amiga. La comida estaba ya fría, pero eso no importaba ahora. Todo aquel esfuerzo, aquella mezcla de olores y sensaciones, habían logrado conmover su corazoncito. Aquella escena había sido hecha para ella, y ella había despreciado, no sólo lo que allí se veía, sino al autor de todo aquello, el chico que no sólo se había fijado en ella, sino que la quería. Entre lágrimas en los ojos, entró en la cocina, rebuscó entre los cajones, hasta que pudo encontrar una caja de cerillas. La cogió, y fue al salón a encender el par de velas que yacían sobre la mesa. Fue en ese instante cuando él apareció por la puerta. En ese momento, los tres quedaron sorprendidos. Él se quitó el sombrero, colgó la gabardina … y no le dio tiempo a nada más, porque ella, entre lágrimas en los ojos, se abalanzó sobre sus brazos, antes de que pudiera mediar palabra. Él la abrazó también, mientras acariciaba sus largos cabellos. Su amiga y excompañera de piso, le guiñó un ojo, antes de salir por la puerta.
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